¿Cualquier ciudadano puede llegar a ser un embajador cultural?

REDACCIÓN LINAJE PERUANO

Martes, 17 de abril de 2018 / 19:30


En el mundo actual de la explosión de las telecomunicaciones, pareciera ser que en vez de expandir las tradiciones y la identidad de una nación, ese legado de ideas se pierde, tan solo dejando rastros inconexos de información que no nos es útil o insinúa serlo . Cualquiera que desee rescatar ese legado tan postergado en las prioridades, buscaría comprometerse y responsabilizarse de la visión que los foráneos tienen de nosotros, siendo embajadores culturales y cogiendo las riendas de la historia con sus propias manos.


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Sin embargo, para coger las riendas, esas manos deben estar bien entrenadas porque pueden ser desgarradas por el desgano, la falta de voluntad y el desinterés. Hay que relucir el carácter, pararle el pecho a la adversidad. Hay que demostrar que el abandono de la gente hacia la cultura no repercutirá en nuestra voluntad de rescatarla.

¿Cómo ser embajadores de lo nuestro? Existen innumerables formas. Lo más simple con lo que se pueda empezar como aplicar el poder de la palabra contando una historia: las grandes batallas de los incas, el desarrollo de civilizaciones precolombinas de las tres regiones como la metalurgia, sus organizaciones políticas, las máximas morales, los errores que derrumbaron imperios. Estos hechos son fuentes de conocimiento, contribuyen a recrear paisajes en la mente, pintados al óleo: los artistas nacen y empiezan a formarse.

La danza es entendida como una munición fuerte. La marinera norteña, el incontenible temblor de un cajón al interpretar una nota del festejo, la coreografía de una contradanza, melodías pasionales de un carnaval sureño o norteño: todo construye tabla a tabla, madera a madera, el gran árbol del matiz peruano en todo su porte y garbo. Un par de movimientos y sin abrir los labios estamos contándole a los espectadores de dónde provenimos y hacia dónde vamos; estamos dibujando trazo por trazo ese rostro humano blanco y rojo del Perú.

No nos olvidemos nunca de esa sensibilidad cuyo canal principal se expande a través de la educación artística. Un embajador cultural con sus letras completas, es un mediador preocupado por mantener la línea tradicional de generación en generación… es un gestor de imagen de su propio entorno. Los mediadores construirán un pueblo que se identifique con sus acciones que se entienda único, dispuesto y preparado a abrirle los brazos al que decide ser parte de su realidad.

Ser un representante de lo nuestro no responde a una edad específica. Despojarse de la responsabilidad y deber innato de mantener nuestras costumbres no corresponde a pertenecer a la tercera edad o ser un niño de diez años. Cada quién tiene la posibilidad de plantar una semilla de curiosidad en un alma, y así contemplar cómo brota la curiosidad de explorar los inigualables rincones de nuestro linaje y nuestro Perú.