El mundial y otra mirada a nuestra identidad

REDACCIÓN LINAJE PERUANO

Lunes, 11 de junio de 2018 / 11:05 hr.


Cánticos de jarana criolla, danzas de bandera en las principales plazas del país, reuniones de instrumentos que envían a los aires las notas de la música afroperuana… el sentimiento de las venas de un pueblo que descansaba, finalmente despierta del letargo, exhibiendo nuestra amplia tradición y demostrando que el fútbol también forma parte de su historia, sin embargo, ¿es necesario esperar la clasificación a un evento tan magno como un mundial para retomar el orgullo de ser peruanos?


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El mundial de Rusia 2018 es el siguiente paradero; una nueva página en el gran libro del deporte nacional. Han pasado 36 años desde que la selección fue por última vez a la máxima cita futbolística -desde España 1982 con Barbadillo, Cueto, Oblitas, Uribe, Navarro, Malásquez, entre otros-. En este 2018, queda la sensación que las expresiones costumbristas de la cultura peruana solo pasan cobran un valor protagónico debido al inminente desafío que significa jugar una copa de la FIFA.

Recordar quiénes somos se trata de preservar la memoria colectiva y dar un salto hacia la más alta escala de la identificación.

Tomemos el hecho como una oportunidad. Si bajo el pretexto de alentar al combinado nacional hemos perdido ese miedo a expresarnos en las calles y en los medios, ¿por qué no tomamos esta etapa como un inicio de un cambio respecto a la difusión artística del país? No esperemos una brecha de 36 años más para que el mundo tiemble ante nuestro grito de retorno a lo más alto de la élite. Pongámonos como reto igualar o superar estas manifestaciones en fechas claves, períodos íntimos del sentir que nos embarga año a año: fiestas patrias, días de devoción al Señor de los milagros, el Inti Raymi, Día de la marinera, carnavales departamentales, etc.

Hemos demostrado, una vez más, que el compromiso de poner al Perú en la boca de todos, recae en cada una de nuestras voluntades. Recordar quiénes somos se trata de preservar la memoria colectiva y dar un salto hacia la más alta escala de la identificación. El gen peruano ostenta tanta riqueza y variantes que no es justo que crucemos los dedos cada cuatro años para tentar la posibilidad de ponernos bien la camiseta, esa que le falta colocarse correctamente a muchos.

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