El preballet como un cambio de actitud

REDACCIÓN LINAJE PERUANO

Martes, 13 de marzo del 2018 / 15:55 p. m.


Primero, para analizar este cambio de actitud, es necesario ponernos bajo el punto de vista de una niña. ¿Qué siente al colocarse el vestuario? ¿Estará verdaderamente preocupada si las zapatillas en punta son de uno u otro color? ¿Se preguntará para que sirven ese tejido liviano y pomposo que los adultos llaman tutú? Nada de eso… la pequeña dama sentirá -en su dimensión de fantasía y conquista de un mundo que aún no conoce- que se enfunda un traje de princesa con el que las personas podrán admirar su estilo de mover las manos y flexionar los pies, tal y como lo vio en los dibujos animados o en un obra teatral.


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Y no intenten despertarla de este idilio creativo de su propio reino, un castillo de hadas donde su presencia es sinónimo de soberanía. Abrir sus ojos en este sueño significaría cortarle las alas, obligarla a retroceder, hurtar el fulgor de su etapa infante y desconectarse de lo que su mente elucubra, en ese ínfimo espacio de física, pero infinito de pensamientos.

Si su niña le tuvo temor a todo, no la presione. Las miradas ajenas dejarán de preocuparla. Esa costumbre de enfrentamiento indirecto a desconocidos se perderá, se desvanecerá semejante a la llama de una vela, cuando no tiene cera adonde aferrarse o reproducirse. A consecuencia, usted advertirá esa metamorfosis y paulatinamente sus actuaciones dependerán poco de su apoyo moral como padre.

No tenga miedo si se desploma. No la regañe si aún no canaliza las indicaciones del instructor. Ella está escribiendo su historia. Los ojos de los mayores son insensatos a un periplo infantil. Esta expresión es madre de las danzas, una personificación sabia, que dota a esos indefensos cuerpecitos de carácter, y en incontables ocasiones esa fuerza interna conlleva a liberarlos. Uno no puede crecer si no se conoce a sí mismo y esta disciplina les coloca un espejo justo en frente, cuyo reflejo trasluce los claro-oscuros de su alma.

Para cambiar de actitud debemos estar en la piel de una niña, fundamentalmente asimilar que el baile será su escudo y espada en esta vida llena de baches, de vagones de montaña rusa que nos chocan y nos obligan a sentarnos en ellos con toda su vorágine. Un cambio de actitud es un cambio de piel; una coraza resistente… más fuerte que el acero.

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