Empoderar a las mujeres: el arte es la vitrina

REDACCIÓN LINAJE PERUANO

Jueves, 26 de abril de 2018 / 14:15


Las mujeres también son parte importante de la historia del folclore.

A propósito de las vísperas del Día de la madre, como centro cultural, vamos a dar una mirada en gran plano general de cómo la mujer es percibida en el mundo del arte y qué debemos hacer para vencer las dificultades y finalmente consoliden ese empoderamiento.


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Existe —y no se puede negar— un pensamiento irracional que mora en la psique del ser humano; se interpreta como un gen desarrollado por equivocación, cuyos datos sostienen que una mujer no puede hacerse cargo de liderar un movimiento disruptivo, expresarse con aptitud correcta en una danza, lienzo o manifestación artística de cualquier tipo.

Si se tiene a la mujer en el inconsciente colectivo y paralelamente se menciona la palabra ‘arte’, hay claras tendencias a relacionarla con solo inspiración de los hombres, quienes movidos por esa fuerza inexplicable, son capaces de erigir una escultura o escribir el más tierno de los poemas. ¿Por qué no se tiene, en ese inconsciente, la fotografía de una mujer pintando un paisaje o empapándose las manos de barro y dándole forma a una escultura?

El segundo paso es asimilar el enunciado «las manifestaciones de los pueblos es un derecho de todos», no como simple discurso político o demagógico.

Las mujeres han alzado su voz desde inicios del siglo pasado. Mirarlas exclusivamente como las clásicas musas dadoras de creatividad parece en estas épocas un insulto, un guiño de compromiso. Ellas misma también puede poseer ese ingenio que les atribuimos de fuente hacia el sexo masculino. La empoderación femenina trata de romper con los paradigmas y dejarlos en el olvido de una buena vez. En este punto, las mujeres tienen la obligación de demostrar su independencia de ideas, sin miedos de antaño.

Las mujeres se empoderan de la escena peruana con una contradanza.

La figura femenina está consiguiendo empoderarse del arte. El primer paso se alcanza comprendiendo que la tradición artística no entiende de géneros. Crear y representar una realidad autóctona es gritarle a todos los puntos cardinales que aquí están dispuestas a quebrantar las reglas: dejar marcas en el sendero de la historia no tiene privilegiados. El segundo paso es asimilar el enunciado «las manifestaciones de los pueblos es un derecho de todos», no como simple discurso político o demagógico. El tercer y último paso: interiorizar los conceptos; no decaer en la propuesta.

El tiempo siempre trae cambios consigo. Mujeres, no se dejen por ningún motivo dejarse arrastrar por el viento, semejante a la hojarasca de otoño con sus torbellinos de polvo. Dancen, pinten, escriban, sigan sonriendo… son necesarias en nuestras sociedad para comprender su visión, y ser parte de sus sueños, muchas veces callados por la mano del flagelo popular.