Gestores culturales: ¿Por qué la cultura se muestra incompleta sin ellos?

REDACCIÓN LINAJE PERUANO

Jueves, 13 de setiembre del 2018 / 13:09


¿Sabías que la sociedad peruana, rica en tradición y puntos calientes de cultura, necesita gestores profesionales y especializados? La idea de un gestor cultural, con sus vocablos y letras bien enganchadas y puestas, es un termino relativamente nuevo en el país -desde la creación del Ministerio de Cultura, el 20 de julio del 2010-; es muy necesario tener en cuenta sus conocimientos de difusión, planificación y ejecución de proyectos relacionados al desarrollo sociocultural de la población. Sin él, el camino parece fangoso, brumoso, falto de faros en las orillas.


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En Perú es una tarea de kilometraje extenso establecer puentes con empresas públicas y privadas para colaborar con la sostenibilidad financiera (levantamiento de fondos) de un plan de trabajo: restauración de museos, reconstrucción de huacas y santuarios, creación de fundaciones sin fines de lucro, estructuración e institucionalización de concursos artísticos y costumbristas… y un horizonte plagado de posibilidades, anhelos que requieren ser aterrizados por un personaje de variados contactos estratégicos, como lo comentaremos hoy.

Precisamente, el gestor cultural es el que juega su carta más importante aquí; no es secreto que es la pieza clave que completa ese rompecabeza de las tareas concienzudas; él mismo, incluso, es una institución de saberes exclusivos, que serán compartidos como corolario. Permisos legales, leyes de cuidado de patrimonio cultural, marketing digital, discursos de compromiso social: todos estos tecnicismos antes eran manejados por simples funcionarios algo desentendidos; pero en el mundo actual, cada vez proliferan más los especialistas, los que dedican su vida entera a mejorar los paradigmas, en este caso, el del desarrollo y autoestima de un pueblo.

Palabras de la experiencia y realismo

Miriam Manyari, gestora cultural y activista, se muestra optimista con los cambios en la escena artística-peruana en los últimos 7 años, sin embargo, es tajante y asegura que la población aún no entiende que la cultura es el arma más afilada que se tiene para enfrentarnos a la indiferencia y el subdesarrollo.  «Aún hay ausencia de políticas culturales y bajo presupuesto público destinado al tema; esta idea solo está llegando a pocas personas, sintiéndose privilegiadas», dijo.

A esto le sumamos una falta de política de ayuda o mecenazgo. Mediante el mecenazgo, las organizaciones sin fines de lucro pueden colaborar al desarrollo social pidiendo donaciones a empresas privadas o al Estado, personajes de alto estatus, entidades bancarias o afines. Mientras sigamos teniendo falta de gestores culturales, no tendremos quién ponga estas cosas en orden, como un bibliotecario que sabe qué libro va en qué pasillo.

Por otra parte, el gestor cultural de teatro, Alejandro Larco, piensa que hay dos dificultades a resolver:

1.- Falta conquistar al público y atraerlo al consumo de cultura nacional para poder solventar los gastos y aumentar los presupuestos de los proyectos.

2.-  No hay infraestructura adecuada para implementar las distintas actividades que los gestores, compañías o artistas imaginan: faltan anfiteatros, teatros o auditorios con buen equipo de sonido y de luces que sean accesibles a los gestores y al público.

¿Se dan cuenta que hay mucho trabajo por hacer? Empecemos a entender la valía de este profesional del siglo XXI.

Solo 7% de 650,000 familias van al teatro. Es un dato deprimente.

No es coincidencia que Jaime Herrera (Diario Gestión, 2016) se refiera al mismo tema con una sensación de impotencia. Herrera tiene más de 10 años siendo gestor cultural de teatro y según su visión profesional y global, asegura que si nos medimos con Argentina, Colombia o Brasil, nos podremos dar cuenta que no nos comparamos ni en un 10%. «Si vamos a provincia, todo es un desastre», completó. Falta de conocedores en los campos estériles como estos (interior del país) otra vez.

Los gestores culturales hacen los procesos más fáciles: las obras de los artistas no tendrían que esperar meses o años para ser exhibidas; ante cualquier duda, te presentan su plan presupuesto y patrocinios. Aquí no hay espacio dedicado a la improvisación. Qué mejor que lo haga alguien con proyección -y pasión, sobre todas las cosas- de ayudar al país y no con fines exclusivamente lucrativos.

Esperemos seguir hablando de este interesante punto en otros blogs.

 

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