¿Has decidido dejar todo por tu arte, tu pasión?

Por: Bruno Cueva / Periodista y escritor

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¿Sentiste alguna vez que la tradición familiar o la presión grupal te hicieron estudiar una carrera universitaria a la fuerza? o quizás, ¿estudiaste esa carrera porque te pareció una opción interesante, pero a la postre terminaste inclinándote por seguir tu pasión, tu arte? En esta entrada leeremos un poco sobre este conflicto común que crea muchas polémicas en sociedades que no son culturalmente desarrolladas.


 

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Estoy seguro, estimado lector, que usted guarda en su baúl de recuerdos, innumerables historias sobre familiares, amigos, docentes o personas de a pie; y dentro de esas anécdotas, solemos escuchar que existen profesionales que fueron llevando a la par su arte y su carrera como un binomio desigual que, por alguna mágica razón, no se estorbó. Oímos, así mismo -gestionando un breve inciso-, que podemos bifurcar a estos profesionales en: los que quisieron estudiar y los que fueron obligados.

Los que fueron obligados, naturalmente claudicaron ante las exigencias de sus tutores y llevaron una carrera universitaria vacía y sin gloria. Los que quisieron estudiar, lo hicieron por convicción, pero repartiendo sus fuerzas entre la actividad que virtualmente le iba a generar ingresos económicos y la pasión que iba mantener satisfechas sus ansias de cultura y sensaciones de conformidad.

Sin embargo, estas diferencias marcadas líneas atrás son banales cuando analizamos la decisión de un profesional que dice o piensa: «En estos momentos, me he dado cuenta que mi profesión (sea abogado, médico, ingeniero, arquitecto, etc…) no termina de ajustarse a mis necesidades, necesito algo más, necesito dedicarme a mi arte». Se necesita un examen de conciencia arduo para abandonar en definitiva aquel edificio de saberes que ladrillo a ladrillo hemos construido para erigir otro, que será el modelo final, pero que costará el doble de energía diseñarlo.

Si antes te hubiera costado, ahora costará el doble

Hay que abrirnos un poco más sobre las posibilidades que eligen nuestros hijos para embarcarse en su rumbo, su larga marcha. No hay que tener miedo en apostar por la educación de un niño o adolescente que quiere ser cantante, músico, compositor, literato, pintor, etc. Muchas veces por seguir el paradigma del dinero y las líneas de ascenso, nos equivocamos al cerrarle todas las rutas desde el inicio a nuestros hijos, sin darles la oportunidad de demostrarnos que podrían marcar un hito en nuestra idiosincrasia (con el transcurso de los años): esa forma muy latinoamericana de ver la vida esquematizada, sin retos ni caminos anexos que nos lleven por ese mismo rumbo: el éxito.

¿Por qué esperar tanto para rebelarnos ante la adversidad? Será mejor exteriorizar lo que sentimos hacia nuestros padres y no esperar una década completa para confesar nuestros verdaderos sueños. Si antes te hubiera costado, ahora te costará el doble dejarlo todo por lo que te apasiona. No dejes que el tiempo pase, la decisión es para hoy.

¿Cabe la posibilidad de que mi carrera profesional y mi arte convivan en armonía?

Hay muchos modelos de vida que podemos seguir y tomarlos como referencia. Una carrera profesional sí puede convivir en armonía con nuestro arte; sin embargo, esa pasión debería estar dividida, por cantidades cuánticas similares, entre las dos actividades. La preparación es la misma que en la profesión: hay que actualizarse, estudiar, practicar, ser pacientes, tener planes a corto y largo plazo. No se trata solo de una convicción, sino de un modus vivendi.

Si queremos mantener las dos realidades debemos dedicarles el tiempo correcto. Con mucha organización lograremos repartir bien nuestros minutos para confeccionar una semana equilibrada. ¡Innovemos para tener un sello personal en nuestras obras artísticas! Es mejor atreverse a quebrantar los moldes que a preguntarle a la almohada cada noche qué hubiera pasado si nos hubiésemos atrevido a hacerlo.

¡Tus palabras claves son la organización y la innovación!

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