La danza y su propia filosofía: ¿cómo vemos la vida con este arte?

REDACCIÓN LINAJE PERUANO

Miércoles, 29 de agosto del 2018 / 11:05


Definiciones del vocablo “danza” hay muchas, sin embargo el significado que le otorgaremos en este caso será: «Forma de comunicación de lenguaje no verbal entre seres humanos, donde el bailarín expresa sentimientos y emociones a través de movimientos y gestos». Entendemos, ahora, a la danza como una manera distinta de ver los horizontes cotidianos; la danza tiene su propia filosofía, aunque explicarla con palabras simples nos encaminaría a un periplo sin fin.


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«La danza no se limita a un ejercicio o arte ornamental: es una cosa muy venerable. Toda época que ha comprendido el ser humano ha experimentado el sentimiento de misterio de esta organización», dijo Paul Valery, escritor, filósofo y poeta francés de la primera mitad del siglo XX. Este intelectual nos da a entender que la danza es algo innegable que pulula en nuestras vidas, pero no sabemos a ciencia cierta qué es. Simplemente la adoptamos como parte nuestra, como si ya tuviésemos conexión con ella desde tiempos en el que el hombre mostraba sus primeras capacidades de admiración.

Esta capacidad de admiración nace de la introspección del artista, esa búsqueda oscura que puede resultar vaga sin el entrenamiento. El artista se abstrae por dos motivos: da una ejecución intencional para divulgar un mensaje previamente visto en un guion, o revela la experiencia propia, se desnuda al público y les abre su filosofía. Es cuestión determinar cuál de las dos opciones le parece la más plausible. Aquí, el más observador, es el que sacará mejores conclusiones del porqué de cada estiramiento, movimiento, cambio de compás, gesto, etc.

Yéndonos más atrás en la historia, podemos citar también al filósofo griego Sócrates, quien en su búsqueda por encontrar la belleza en la danza, aseguró que esta podía imitar la perfección de la naturaleza, ya que el bailarín, al mantener en movimiento y sincronía sus músculos y huesos pasa a formar parte de una realidad que trasciende y supera lo material.

Varios años después, el alemán Friedrich Nietzsche complementó esta visión de Sócrates y mencionó: «La danza fusiona al cuerpo con el espíritu, el hombre que baila desafía con cada paso el poder de la gravedad». Convierte entonces, al ejecutante, en un ser especial que revela secretos del mundo metafísico, adecuándolos cual escultor a criterio de cada observador.

Pero como todos tenemos un pensamiento inalterable con base en la vivencia, la bailarina y coreógrafa estadounidense, Martha Graham, contradice lo dicho por Sócrates siglos atrás, y sugiere un molde distinto al propuesto por el pensador griego: «Yo no quería ser un árbol, una flor, una ola. En el cuerpo del bailarín, nosotros como público debemos vernos a nosotros mismos, no a una imitación del comportamiento de las acciones diarias, no al fenómeno de la naturaleza, no a las criaturas exóticas de otros planetas, si no algo de milagro que es el ser humano».