La luz de la Virgen de la Candelaria

Por: Selva Vargas Reátegui / Jefa de Prensa de Linaje Peruano

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A las orillas del lago Titicaca, a unos 3810 msnm, cada febrero, una luz inmensa ilumina al Perú entero; una luz conformada por colores que se entremezclan con la brillantina, las campanas, las máscaras y la lluvia que moja no solo los cuerpos, sino también, refresca el espíritu y lo llena de devoción, sentimiento y pasión en honor a la Virgen de la Candelaria.

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En Puno, capital peruana del folklore, como la denominara José María Arguedas, miles de almas se reúnen para bailar a lo largo y ancho de las principales arterias de esta ciudad caracterizada por su lago e inmenso cielo azul.

Si bien es cierto, la presencia evangelizadora de la Iglesia significó una transformación profunda de la mentalidad y la cultura indígena (ahora convertida a la religión cristiana); la festividad de la Virgen de la Candelaria es una muestra fiel de la supervivencia de ese pasado majestuoso lleno de dioses extraídos de la naturaleza que conforman la cosmovisión andina. Pero… ¿de dónde proviene esta celebración?

La Virgen de la Candelaria o Nuestra Señora de Candelaria tiene su origen en Tenerife (España), y es una de las santas traídas en la época de la colonia propias de la cultura occidental.

Su devoción en nuestro país se originó en 1781, donde rebeldes liderados por el caudillo aymara Túpac Catari intentaron tomar la ciudad de Puno para reducir este bastión del virreinato y preparar su ataque a la actual ciudad de La Paz. Los habitantes se defendieron con el mayor coraje posible, pero su inferioridad numérica les jugaba en contra. En su desesperada situación, los pobladores optaron por sacar a la virgen, cuya imagen se veneraba en la iglesia de San Juan. Tras implorarle su protección durante toda la noche, los pobladores observaron, atónitos, cómo los enardecidos sitiadores abandonaron el lugar.

Otras tradiciones dicen que en aquella misma ocasión, durante la procesión matinal, las andas de la virgen empezaron a brillar con gran intensidad, encegueciendo a los sitiadores y volviéndolos víctimas de un terrible espejismo: un enorme ejército a caballo llenaba la ciudad y sus armas brillaban también intensamente. Ante esa visión, las tropas de Túpac Catari se replegaron.

 

Actualmente la festividad de la Virgen de la Candelaria reúne no solo a fieles y danzantes, sino también a turistas nacionales y extranjeros, quienes guardan en sus recuerdos lo mágico de esta celebración donde pañuelos y pompones acompañan el volar de las faldas, donde soldados de plata con rostro moreno y grandes muñecos se mueven al ritmo de las matracas, donde ser un diablo significar ser un buen bailarín, donde el espacio-tiempo se pierde, donde la luz de la candelaria es el puente al cielo.