¡Las danzas son la mejor arma contra el bullying infantil!

Por: Bruno Cueva / Periodista y escritor

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El anglicismo “bullying” o “acoso” en español sigue motivando a la polémica -en la atmósfera escolar- inclusive en las sociedades del primer mundo. Cada país tiene su propia forma de hacerle frente y sugiere sus propios mecanismos para atenuarlo y volverlo casi imperceptible ante los ojos de los maestros y padres de familia. Nosotros, como Centro Cultural, no nos cruzamos de brazos para ser simples espectadores, sino que optamos por la danza como nuestro más fiel caballo de batalla. ¿Cómo la danza puede ser nuestro mejor escudo contra el acoso?


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Danzar es mirarse al espejo

Es moneda común saber que los niños van desarrollando a paso cansino su personalidad. Lo que debemos forjarles desde edades escolares es reconocerse como parte de una sociedad que lo necesita y lo necesitará; como parte de una identidad conjunta que le dé seguridad de saber que es una persona útil. La danza te otorga eso: una retrospectiva por los pasajes más hermosos de nuestra historia, una memoria que se ejercita cuando escucha las grandes hazañas de nuestros ancestros y sus expresiones artísticas, una seguridad de conocimientos que pondrán en pedestales de mármol para enfrentarse a los agresores.

La integración es motivación

Un niño motivado siempre tendrá una buena autoestima. La autoestima se alcanza cuando se formar grupos de baile para ejecutar coreografías que exigen un rigor  de concentración. La seguridad de irse aprendiendo las pautas de baile mantendrán su mente ocupada solo en cosas positivas. Esta integración creará un escudo contra los insultos, el abuso físico y lo preparará mentalmente contra futuros ataques execrables.

Es lógico decir que esto se logrará de manera paulatina. No presionemos a nuestros hijos a integrarse a un grupo. Recuerda, que por naturaleza, ellos querrán imitar a sus similares y los cambios de conducta serán evidentes.

Un niño competitivo no será introvertido

La competencia crea un vínculo mayor entre compañeros e instructores. Al competir, los menores buscarán afinar su artillería de preguntas y se sentirán importantes cuando sean escuchados. De esta forma, se incentiva a la superación personal, a compartir esos detalles a otros no comprenden para mejorar sus movimientos. Un niño competitivo, es un niño que pregunta y cuestiona su realidad; una persona que busca respuestas nunca se encerrará en su mundo y estará dispuesto a abrírselo a sus semejantes.

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