Peruanas de pura sangre: mujeres hechas de fuerza y emoción

REDACCIÓN LINAJE PERUANO

Jueves, 20 de setiembre de 2018 / 11:35


Esta es la tercera parte de la serie de Shows esenciales de Linaje Peruano Espectáculos. Hoy les daremos alcances de “Peruanas de Pura Sangre”, competencia de bailarinas de todos los sectores del país, cuyo talento se expresa en sus cuerpos como fuente propia de emoción, fortaleza y adrenalina pura.


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En esta oportunidad, las mujeres se apoderan del escenario y exponen su género a toda honra; cada peruana conjuga el significado de este país con el zapateo, una de las mejores expresiones artísticas y tradicionales. Sin embargo, esta representación no es posible si no tomamos en cuenta todas las latitudes: desde el nivel de mar hasta la montaña alta, allá en Los Andes.

Uno de los personajes a interpretar es La Machita de caporales, quien con su energía exorbitante y habilidad, rompe la hegemonía del varón en esta danza altiplánica y replantea el mensaje de su papel en la danza. Mediante un lenguaje propio de movimientos y saltos acompasados, transmite gritos profundos de igualdad y nos pone ante los ojos una fuerte estirpe llena de arte.

La búsqueda de la liberación es reflejada en la Mujer Afroperuana que se impone con sus cánticos característicos, denotando su carácter aguerrido, de vivencias plagadas de luchas en el pasado. Este personaje ondula su cuerpo, mueve el vientre y se desplaza en el escenario con cada percusión y coro que nos lleva a la mente su influencia en nuestra identidad contemporánea.

La mujer Wanka también se hace presente por su capacidad física y actitud desafiante, poniendo a prueba su poderío en un contrapunto de zapateo. Esta silueta fina y en constante comunicación con la naturaleza madre, muestra con orgullo las flores y los colores de los paisajes andinos en los bordados de su vestuario. Refleja la alegría, inocencia y esencia de las alturas.

Si hablamos de elegancia, qué mejor que detenernos a observar de cerca a la Mujer Norteña; ella nos embelesa con la marinera en cada vaivén de su andar. Desde sus orígenes coloniales, nos sorprendía ataviada de vestidos largos llenos de pliegues y bordados de fino encaje. El contrapunto de zapateo no puede estar completo en ausencia de su coquetería y talento para elevar dulcemente el pañuelo.

Por último, las danzaq o danzantes de tijera, arremeten en la escena y embisten los sentidos al momento que se imponen la misma dificultad interpretativa que los hombres. Ejecutan maniobras no apta para personas susceptibles y así se ganan el respeto en este baile ancestral.