¿Podemos afirmar que la competencia es educación?

REDACCIÓN LINAJE PERUANO

Lunes, 15 de octubre de 2018 /  14:50 h.


Aquí tenemos, sin lugar a discusión, un tema que genera mucho debate: ¿al competir  por un galardón de danzas estamos recibiendo educación? En un sentido amplio/general, ponernos a prueba junto a otros es una experiencia de intercambio de conocimientos; sin embargo, en otro aspecto, este espíritu competitivo puede desencadenar en un trastorno obsesionado por la victoria (sin adquisición de saberes).


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Competencia basada en el aprendizaje

El desarrollo ascendente normal para llegar a la liga competitiva en la danzas en el siguiente: (1) Interés por aprender más de la cultura, (2) elección de aprendizaje de una danza, (3) ánimo propio o influencia externa para decidir mi inclusión en una competencia. Aquí ya hablamos de una cadena natural de las cosas. El fin en sí no sería ganar sin bases, sino demostrar los resultados obtenidos, comparándonos al resto. A su vez, nos situamos en la escala correspondiente y evaluamos nuestro progreso; como corolario, la victoria estará a la expectativa.

Asimismo, es necesaria una mentalidad portentosa. Imagínense que animamos a nuestro hijo a participar en un evento de marinera norteña o salsa y pierde -rápidamente, además-: ¿podemos ponderar su estado de ánimo a corto plazo? Una política educativa de prevención, en estos casos, es el uso adecuado y oportuno de los psicólogos, ¿cuántas personas de éxito hubiesen abandonado su talento a temprana edad si nadie hubiese estado allí para recordarle sus condiciones de campeón?

Chomsky (1970): la competencia es la capacidad de creación
y producción autónoma, de conocer, actuar y transformar la realidad que nos rodea, ya sea personal,
social, natural o simbólica, a través de un proceso de intercambio y comunicación con los demás y con
los contenidos de la cultura.

Obsesión de ganar

Llegamos a un terreno pisoteado por el ego, la improvisación, la ansiedad. ¿Hasta qué punto es aceptable sustraer elementos de la cultura dancística para conseguir la satisfacción personal?; pero vayamos más a fondo en este reverso de la moneda, ¿es un sacrilegio decir que ‘bailamos’ tal o cual disciplina con el simple objetivo de alzar trofeos o posar en las fotos con cheques gigantes?

En este sentido, no se cumple la cadena natural ya resumida en el primer punto (primero el arte, luego la lucha por ser el mejor), por consiguiente, las expresiones arraigadas de un pueblo se deforman y se pierde el conocimiento crítico, sustituido por la inmediatez de una construcción ególatra, ávida de reconocimientos, con pérdida parcial de los sentimientos del entorno.

La obsesión por ganar y destacar puede llevar, inclusive, a buscar contactos (jurados, familiares o allegados al concurso hipotético) y ‘arreglar’ un lugar en el podio. Desde Linaje Peruano, aseguramos que si partimos de las bases teórico-prácticas del respeto por la cultura y sus misticismos, esta situación embarazosa no tendría cabida.