Reconocimiento desde nosotros: ¿El Perú es una sociedad intercultural?

REDACCIÓN LINAJE PERUANO

Viernes, 12 de octubre de 2018 /  12:39 h.


En el panorama contemporáneo, coexisten 52 naciones en el Perú —con toda probabilidad, muchas más— por esta razón, cada 12 de octubre celebramos el Día de los Pueblos Originarios y el Diálogo Intercultural, como un medio para reivindicar la inclusión de estos ciudadanos en el marco social; sin embargo, ¿verdaderamente lo estamos poniendo en práctica en el día a día?

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Pocos saben, por ignorancia o desgano, que los pueblos andinos y amazónicos contribuyen al desarrollo nacional en ámbitos como el respeto por los recursos naturales, la conservación de la biodiversidad y su armonía con el medio ambiente. Pese a ello, los acostumbrados a convivir en las urbes olvidan, menosprecian y ningunean a las minorías cuando salen de sus lugares de origen, ¿acaso creen el poblador citadino que la capital, la tierra costeña o las fragancias del litoral son su propiedad privada?

El aporte de estos pueblos a la identidad peruana también se basa en su extensa cosmovisión, sus mitos, leyendas, folclore, esquematización de cuidados de espacios turísticos y un sinfín de variedades. Recordemos que gran proporción de tradiciones orales del Perú radican en los Andes, una fuente de cultura inmedible, inmortal con el correr de las décadas; se basan, a su vez, en la igualdad, la resolución de problemáticas de integración, la cohesión —palabra ajena y utilizada con cierto miedo— y la veneración a los espíritus de la naturaleza.

Un país de todas las sangres

Es imposible no traer a la memoria a José María Arguedas y sus ideas plasmadas en su libro de 1964 ‘Todas las sangres’. En aquellas páginas, remarca el conflicto entre los señores y los indios; los descendientes españoles y los hombres de montaña -haciendo una analogía a estas épocas-. La socióloga Carmen Pinilla resalta tomar los valores serranos señalados por Arguedas y transportarlos a la época presente: «Estos ideales no son arcaicos (…) hay que tomarlos para que tengan una valía en el futuro».

Arguedas nos enseñaba la satisfacción de, precisamente, hacer correr todas las sangres por nuestras venas, al respecto manifestó: «Yo no soy un aculturado, yo soy un peruano que orgullosamente, como un demonio feliz, habla en cristiano y en indio, en español y en quechua». Para Arguedas era fundamental entender que las diferencias son una oportunidad de reconocernos a sí mismos como una sociedad intercultural, sin clases ni distinciones de necesidades. Veamos si en este bicentenario de la independencia podemos cumplir el sueño del escritor y antropólogo andahuaylino.

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