¿Cuán valorada es la danza en los colegios?

REDACCIÓN LINAJE PERUANO

Lunes, 19 de noviembre de 2018 /  19:00 h.


Relegada en muchas ocasiones a un segundo plano, la danza y el arte siguen sobreviviendo al plan de estudios escolar a tropezones. Los directores de las instituciones educativas y los funcionarios del Estado miran por encima del hombro a este saber, y  muestran desinterés por investigar el fenómeno de asimilación del arte en movimiento en otras partes del mundo.


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Latinoamérica y el mundo ya empezaron a bailar en sus escuelas

En un principio, la danza estuvo integrada —mejor dicho «empotrada»— a materias como la educación física, siendo esta, una especie de extensión o actividad complementaria. ¿Acaso alguien se imagina incluir las clases de razonamiento verbal en las de literatura o las clases de geografía en las de historia del Perú?

Haciendo un paralelo con otros países de Latinoamérica, Brasil, desde el año 2015, aprobó en la Cámara de Diputados un proyecto de ley que solicitó que la danza y el teatro sean concebidos como asignaturas obligatorias en la escuela primaria. En Argentina, de la misma manera, se buscó imitar la solicitud brasileña.

El mismo año, en Londres, el gobernador Boris Johnson creó el módulo «danza» en el plan de estudios de las escuelas. Esta idea surgió por parte del coreógrafo Wayne McGregor, quien se comunicó con Johnson para hacer realidad su sueño.

¿Es óptima la calidad de enseñanza en los colegios?

La danza no es solo un conjunto de pasos y una secuencia mandada por la música; también simboliza un modo de ver la vida y aprender de las costumbres del lugar de procedencia. Al menospreciar la danza, se cree comúnmente que contratar a un profesor que sepa «algo de ella» resulta suficiente.

El profesor es la fuente de seguridad que el alumno necesita; es el elemento que canaliza el misticismo de las arengas, vestimentas y desplazamientos en las coreografías. Nada de esto se logrará en el caso que este mentor desconozca la procedencia de aquellas danzas o el verdadero espíritu que las envuelve.

Al aceptar la inclusión de las danzas en el sector educación se firma un pacto tácito de compromiso entre el Estado y los difusores. El camino se desvía cuando simplemente optamos por la danza sin tener objetivos claros, sin hacerle sentir a los alumnos que ellos son los futuros portadores de la preservación de nuestra identidad.