De la cochera a la Gestión Cultural: 10 años después

Escribe: Joksan Balcázar – Gestor cultural y fundador

Muchas personas nos han preguntado a mi hermano (socio) y a mí cómo hemos hecho para vivir estos 10 años del arte. Preguntas como: “Oye, ¿de verdad se puede vivir de la cultura en este país?; o simplemente comentarios del tipo: “Hay que estar loco para vivir solo del arte”. 

Voy a contarles, entonces, cómo empieza esta aventura, con sus altas y bajas, con sus satisfacciones y frustraciones, pero sobre todo con el aprender y desaprender día a día. 

En primer lugar, es importante mencionar que nunca nos imaginábamos emprender un negocio de servicios culturales, ni mucho menos en el que como hermanos compartiéramos la misma pasión, pero de diferentes formas. Randhy y yo somos muy diferentes en muchos aspectos. Sin embargo, ese factor ha sido determinante siempre en la toma de decisiones. Somos una balanza que en los momentos clave nos alineamos a la perfección. 

Desde muy pequeños, nuestra madre siempre se preocupó por los estudios y en especial por nuestros tiempos libres. Ella buscaba que hiciéramos algo productivo y de calidad; por eso, todas las tardes después del colegio nos llevaba a diversos talleres de arte y en especial en las vacaciones. 

Debo admitir que, en ese entonces (hablamos de más de 20 años atrás), el arte en general y los talleres o cursos que se daban escasamente en algunos lugares se consideraban más como espacios de entretenimiento para un niño que muchas veces hasta era ‘obligado’ por los padres para desarrollar una actividad artística en sus tiempos de ocio. Muchos de los niños en sus tiempos de recreación desean jugar, divertirse, ver a sus amigos, reunirse en sus casas, etc. Y se podría hasta decir que muchos de los cursos y talleres artísticos no eran del todo entretenidos para un menor de edad en su tiempo libre.

Nosotros crecimos con esa rutina: tiempos libres = actividad artística. 

Siempre en cada explicación que damos sobre la forma en que surgió nuestra historia en el mundo del arte, nuestra madre nunca dejará de estar presente como la principal responsable de que hoy hayamos llegado hasta aquí y seguramente hay muchos que se identifican con esta mención. Conozco y vemos a diario una innumerable cantidad de padres entusiastas e ilusionados con el descubrimiento del talento que tienen sus hijos, papás que entre pasillos del Centro Cultural nos comentaban: “Yo también quería ser bailarín”; “Mi sueño es que mi hija sea una artista”; “Siempre me gustaba la danza, pero como no tuve el apoyo de mis padres, yo ahora quiero cumplir mi sueño y comparto con mi hijo esta pasión y lo apoyaré”. 

Estos comentarios calan en el corazón de uno y curiosamente es nuestra misma historia.

Mientras estudiábamos la carrera de Ingeniería (Randhy, ingeniero de minas, y yo, Joksan, ingeniero geográfico), cada vez que surgía una idea de vivir de nuestra pasión (el arte) lo veíamos como algo muy remoto y hasta casi imposible. Terminamos las carreras pensando en que lo que estudiábamos no nos hacía del todo felices, pero que de eso íbamos a vivir y que el arte siempre será nuestro pasatiempo…  ¡Ironías de la vida!

Recuerdo mucho esos años universitarios que paralelamente dictaba clases de marinera para obtener recursos a fin de terminar la carrera, al igual que la producción de eventos con los que también tuvimos la posibilidad de despertar esa creatividad que todo apasionado del arte la lleva en las venas. Con decisión, orden y disciplina puedes llegar a concretar cosas hasta inesperadas, por ejemplo, los viajes a diferentes partes del mundo, giras, conocer otras culturas y seguir aprendiendo…

Es así que, en el 2008, impulsado por un grupo de padres de alumnos a los que les dictaba clase en una pequeña cochera en Breña, decidimos iniciar una Asociación Cultural llamada Linaje de Campeones, y tal como lo dice el nombre, solo me dedicaba a formar bailarines de marinera para competencia. 

Asociación cultura «Linaje de Campeones» – 2008

Pero, dos años más tarde (2010), tuve que tomar una de las decisiones más importantes para definir si me dedicaría a ejercer por completo mi carrera de ingeniería y ya no compartirla con el arte; o, de lo contrario, dejaría todo para hacer lo que me apasionaba. 

Recuerdo como si fuese ayer la charla que tuve con Randhy sobre qué esperaba con esta asociación y hasta donde escalaría. Si me decidía verdaderamente a entregarme al 100% al arte, empezaría desde cero, invirtiendo y pensando en grande, diversificando ideas, ofreciendo más clases —otros cursos, otras disciplinas—, contratando docentes y aportando así a la industria cultural de una manera formal.

Es ahí donde ambos decidimos asociarnos y formar juntos LINAJE PERUANO. Pero vaya que el nombre sí nos demandaba mucha responsabilidad, no solo por tratarse de una escuela de baile de cursos nacionales, sino también por lo que significa ese nombre para todos nosotros.

Al principio del periplo, alquilamos una sala de baile. Allí empezaba la aventura y empezamos a la par creando una propuesta artística llamada el “Zapateo Norteño Contemporáneo”. Y se diría que surgimos con pie derecho, porque fuimos invitados a los pocos días al programa de TV “El Gran Show” para un desafío social. 

Presentación en «El Gran Show» con el «Zapateo Norteño Contemporáneo» – 2010

Tuvimos dos años muy difíciles de aprendizaje, principalmente, por emprender un negocio en el que no teníamos un plan de acción, no conocíamos de gestión, ni tampoco la brújula con indicadores o números que nos digan si estábamos por buen camino, es decir, éramos emprendedores por pasión únicamente.

En el 2012, nos invitaron a participar de un reality de TV llamado “Perú tiene Talento” y fue una gran ventana para impulsar aún más las propuestas artísticas de Linaje Peruano. En este reality, llegamos a la gran final compitiendo con más de 1000 talentos de diferentes disciplinas.

Concurso en «Perú Tiene Talento» – 2012

En este proceso, en el que descubríamos el arte del emprendimiento, Randhy encontró su segunda pasión: la gestión.  Él decidió hacer una maestría fuera del país en negocios. Del 2013 al 2015, Linaje Peruano crecía, pero siempre pensábamos que la dimensión del nombre tenía que tener algo diferente comparado a ser una simple escuela de baile.

Ese 2015, año en que mi hermano regresa de vivir dos años fuera del país con un plan bajo el brazo, decidimos parar la operación y recomenzar con un norte clarísimo hacia donde tendríamos que llegar, por qué y para qué.

Empezamos con entender a fondo cuál es el significado de nuestra marca Linaje Peruano y qué debería expresar o denotar cuando la gente escuche el nombre. Queríamos que esta marca no sea advertida simplemente como una academia de danza, queríamos que trascienda con un ADN compuesto de historia, de raíces, de costumbres, de tradiciones; que traslade el legado de muchas familias que heredan desde sus ancestros el arte y el misticismo de la cultura de sus pueblos.  Aquí viene la reinvención y el relanzamiento oficial de la marca Linaje Peruano.

Estos cinco años, del 2015 a la actualidad, vinieron imparables:

Se dice que un emprendimiento pasa la delgada línea del fracaso cuando se sostiene por más de cinco años y aquí estábamos. Cumplíamos un lustro entendiendo que, para comenzar cualquier proyecto, sea grande, mediano o chico, uno tiene que tener todo planificado y en la medida de lo posible con el plan A y el plan B, por si el primero no funciona. 

Lo que vendría a continuación son años de gran trabajo en equipo, de crecimiento, de mediciones, de formación, capacitación —en lo personal también de llevar una maestría en Gestión Cultural para entender más el sector y la economía naranja de la que forma parte nuestra industria—, y de lograr tribus con una pasión en común entre nuestros alumnos y clientes, inyectándoles ese místico amor por nuestro folklore.

Estos últimos tiempos hemos recibido premios por la Cámara de Comercio, Proemprender y Motivarte, como negocio franquiciable del sector cultura y excelencia en el servicio, además de concretar año a año diversas giras con el elenco de Linaje Peruano en países como España, Japón, China, México y Malasia al ser embajadores de Marca País.

Hoy, contamos con dos sedes, en Magdalena del mar e Independencia; seis unidades de negocio tales como el Centro Cultural, la Productora de espectáculos, Educación Continua, Etnoexperience, Servicios Corporativos y la Plataforma Virtual. Además, dirigimos un proceso de franquicias en camino y una amplia plana docente junto con un buen equipo de profesionales multidisciplinarios, en los que sumamos más de 70 colaboradores. Todo lo mencionado nos manifiesta que estos 10 años han sido de buena siembra y gran cosecha.  Entonces, volvemos a una de las preguntas del inicio de este blog: ¿Se puede vivir del arte en este país?  

Nuestra respuesta está expuesta con estos 10 años de gestión y nos sentimos muy orgullosos de haber desmitificado prejuicios e interrogantes hacia la creatividad, el arte y la cultura en nuestro territorio.

Finalmente, debo agradecer a nombre de mi socio y de mi parte a cada uno de nuestros clientes y familias que estos años nos han brindado su confianza; del mismo modo, a nuestros colaboradores y excolaboradores por haberse sumado a este aporte a la cultura de nuestro país y, en especial, a nuestros niños linajeros que serán nuestros GUARDIANES CULTURALES del mañana. 

¡¡¡Felices 10 años, LINAJE PERUANO!!!