¿Puede la evolución del folclore distorsionarse? PARTE 1

Por: Bruno Cueva / Jefe de Prensa en Linaje Peruano

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Un sabio dijo una vez que para gustos y colores no han escrito los autores; y lo compruebo al leer y escuchar diversas opiniones sobre las nuevas expresiones artistico-folclóricas surgidas en los últimos 5 o 10 años. Estas expresiones -que discurre algún que otro opinólogo- suelen apasionarse a tal punto que le resulta inverosimil el hecho que en el Perú se vayan creando nuevas tendencias; pero, ¿cuál es el inconveniente? Estos opinólogos aseveran que la evolución o cambio paulatino de la forma de expresarse de un pueblo, termina por traicionar sus costumbres, ahogándolas en un charco manchado por el olvido y la intolerancia.

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Al hablar de una evolución, nos vemos obligados a pensar en los vocablos cambio, proceso o progreso. El problema radica en llamar «evolución» a lo que no modela como tal. Una evolución total de la marinera norteña por ejemplo, impediría que la mujer no vista zapatos o que el hombre no coja su sombrero. Cuando nos vertemos a este extremo, estamos aceptando que las costumbres anteriores ya pasaron a un plano pretérito; sin embargo, yo propongo reemplazar en algunos casos la palabra «evolución» por la palabra «variable». ¿suena mejor verdad?

Un ejemplo de variable del zapateo norteño -por ejemplo- es el zapateo norteño contemporáneo. Si consideramos que el «norteño contemporáneo» surge como un desplazamiento al «norteño» estamos equivocados pues, son dos cosas totalmente diferentes. He aquí la aclaración para llamar a este norteño contemporáneo como una variable de una expresión folclórica peruana.

Otro paradigma es el de la marinera y sus respectivas coreografías. Si un coreógrafo decide inspirarse en la marinera y hacer un número artístico con dos hombres y una mujer, debe ser tomado como una variante de la misma y no como una distorsión de un baile que ya todos conocemos. De esta forma podemos tolerar entonces el sentir de diversas personas y el cómo ven o consiguen adaptar una expresión. De esta forma, y aprovechando el momento, puedo dilucidar que el danzarín de marinera norteña nunca dirá que la marinera puneña, arequipeña o ayacuchana es una pantomima de la suya. Cada quien con su realidad, cada cual con su visión.