¿Puede la evolución del folclore distorsionarse? PARTE 2

Por: Bruno Cueva Villafuerte / Jefe de Prensa de Linaje Peruano.

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Tuve la intención de ordenar las ideas que discurría mi mente en el momento que me discutieron si la evolución del folclore era perjudicial como tal; y se me ocurrió entonces yuxtaponer algunas ramificaciones que surgían del tema mismo para no presentarle al lector un compilado de ideas deslavazadas -en el caso de querer disparar todas las balas en un solo artículo- que terminase por confundirlo aún más. En esta segunda parte expondré tres ideas por las cuales considero que la palabra «evolución» está siendo mal interpretada, con una premeditación que deja mucho que desear y que restaría objetividad y claridad a los mensajes disidentes.

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 En el artículo 1 -te invitamos a leerlo una línea arriba- expuse que la palabra «evolución» está generando mucha confusión por medio de comentarios que hasta podría considerarlos arbitrarios y poco estudiados. Propuse en este caso reemplazar ese vocablo por el de «variable» o «adaptación» para que no suene tan chocante a los que se hacen llamar los defensores de las viejas costumbre. Ahora, te mostraré mi abanico de ideas para que tú, estimado lector, tengas en cuenta si en algún día quisieras opinar sobre este tema en una tertulia.

¿La marinera surgió de la nada o fue variable de alguna otra danza?

Si criticamos y enviamos al paredón a nuestros disidentes, antes de ello, debemos tener los conceptos totalmente claros. Sería muy fácil decir que las variantes de la marinera norteña o limeña son una deformación utópica, por ejemplo. Les recuerdo estimados lectores, que la marinera norteña también surgió como respuesta o variable en primer lugar al fandango (expresión española) y en segunda instancia a la zamacueca desde el siglo XIX en adelante. Por lo tanto, puedo decirles sin titubear ni mascullar que cualquier expresión artística, cultural, social, etc, siempre debe tener un arquetipo, referencia o influencia que la respalde se acepte o no, haya consenso o no.

Si las variables folclóricas proliferan todo el tiempo, ¿Sería justo calificar a unas más genuinas que otras?

Los tiempos están cambiando y a muchos les afecta; sino, habría que hacer una encuesta para preguntar acerca del estilo de vida y cómo ha cambiado en la última década: sin ir muy lejos puedo citar a las omnipresentes telecomunicaciones. ¿Se imaginarían conversar vía skype con su familia en aquellos años 90’s? Lo mismo sucede con los movimientos culturales; todos cierran y abren ciclos, ¿Acaso vemos que las personas siguen escribiéndose cartas? ¿Siguen comiendo en familia? ¿estudian en la universidad solo de forma presencial?

Y con ello, no digo que olvidemos y pisoteemos los ritos y expresiones antediluvianas, sino que nos adaptemos al cambio y en vez de vituperar del prójimo, generemos un clima de estabilidad y tolerancia. Verás que así, seas susceptible o no, te irás acostumbrando poco a poco. Estas expresiones no deben ser comparadas. Todas se generan a partir de su contexto, de su realidad.

¿Las «variables» artísticas provocan un aplauso fácil?

El único aplauso fácil que recuerdo muy a lo lejos, es el de un bufón medieval pidiendo palmas a los súbditos del rey en los rincones de un salón imperial. En el caso del arte, el aplauso fácil no debería existir. El aplauso viene como consecuencia del performance, de cómo sintió el público que estuvo la ejecución. En cualquier caso; si es espectacular, aplaudirán; si es regular, las palmas irán decreciendo; si es mediocre, ni los grillos.

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